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EDITORIAL: SIGUIENTE ESTACIÓN

Es, entonces, el momento de leer a Oscar Hahn:


Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre.


Es aquél gusano naranja, el monstruo subterráneo, quien dicta los estilos de vida y las situaciones más peculiares en un mundo distinto al de la superficie. Un mundo donde la estabilidad emocional se frunce a causa de las faltas de respeto y los apretujones de sudorosos cuerpos, un mundo en el que la sexualidad es mero instinto, un trámite forzoso para delimitar las exageraciones de la inhibición, un tren del pecado… un transbordador del placer.

Mirando los cientos de rostros cruzando y danzando frente aquellas marmoleadas paredes, los pisos grises y mugrosos de los campos de concentración mexicanos donde mujeres, niños, ancianos y demás ser humano son capaces de romper las reglas de la física y fundirse en sudor y lágrimas junto a decenas de cuerpos en dos o tres metros cuadrados.

Gire su cabeza, apreciable lector, observe entre aquellos tubos de aluminio y asientos verde limón; critique un mundo tan usual como espeluznante; grite, ría, llore y enfurézcase con las vidas redundantes al metropolitano. Siguiente estación… Praxis Blog.


Juan Mendoza
-Jefe de Información

MANO LARGA EN EL METRO...

México, D.F. 5 de Octubre, 2009.- En punto de las once cuarenta y cinco comencé mi investigación con respecto a quién mete, usa, levanta y se lava las manos. El último metro con dirección a Indios Verdes arriba al metro Hospital General en punto de la una de la mañana. El concierto de Depeche Mode terminó en punto de las once treinta. ¿Por qué tardé tanto en llegar a esa estación?

La respuesta es simple. Subí a la línea nueve junto a la mayoría de la gente que salía de “El Foro Sol” gracias a Depeche Mode. Según Juan Luna, vendedor de tacos del metro Indios Verdes, su hermano Alberto Luna es encargado de seguridad del metro por parte de la policía bancaria y uno de los argumentos clave dentro de los módulos de vigilancia son los clásicos y míticos carteristas. Alberto Luna ha comentado a su hermano (amigo cercano de mi padre) acerca de los vínculos entre estos ampones y los miembros de seguridad. Un punto clave de ataque de estos es precisamente la línea nueve. Su objetivo: Aquellas personas que abordan el metro después de ir a los conciertos. SÍ, CUIDADO CUANDO SALGAN DE LOS CONCIERTOS, USTEDES SON LA PRESA.

Estuve alrededor de media hora buscando a alguien sospechoso. Después de muchas vueltas me di con un regordete señor de baja estatura, con bigote y gorra blanca. El mismo tipo había bajado del metro en la misma estación tres veces. Para la cuarta lo seguí hasta el vagón del fondo, repletamente lleno, quedando yo una puerta antes de la multitud, aun así podía ver sus movimientos claramente. El tipo me veía de reojo y al darme cuenta de encontrarse enterado de mi persecución traté de acercarme y pedirle una entrevista. El objetivo de dicha entrevista era, en un principio, preguntarle acerca de “el manoseo” a las mujeres, pensé sería un buen prospecto; sin embargo, me llevé una sorpresa. Levanté mi celular y tomé una foto que salió movida a causa de lo que pasaría después.

Antes de acercarme más de dos metros a empujones para alcanzarlo el tipo me miró y salió corriendo golpeando a la gente mientras un joven de aproximadamente veintiocho años corrió tras el golpeando a más personas y gritándole: “¡Párate hijo de tu puta madre!”. Después de él salió una joven obesa y un hombre más alto y de mayor edad corriendo tras aquel gordo de gorra blanca. Yo los perseguí, pues suponía que éste último había faltado al respeto a aquella gordita.

Dos policías de guardia tomaron por la playera al hombre aquel lanzando la gorra blanca por los aires. Otro más del brazo al flaco y a mí. El tercer tipo, el alto de mayor edad, nos siguió mientras caminaba y se escuchaba al policía decir: “Ya calmados, no mamen. ¿Qué chingados pasa?”

Resultó ser que nuestro querido amigo gordo sacó, de una manera no tan sutil, la cartera de Rafael (el único nombre que escuché) y este corrió para huir. Nos detuvieron en el módulo de seguridad de la estación Centro Médico. Ahí estuvimos veinte minutos mientras el bigotón ratero me mentaba la madre. Pensaba que yo había avisado a Rafael del robo.

Nos tomaron los datos, yo fui el segundo. El “pase de salida” era nuestro boleto para Depeche Mode. El señor de playera blanca que acompañaba a Rafael y salió en su auxilio dijo: “Este pendejo viene a robar, si no que enseñe el boleto…”

Me admiré de cómo aquellos crédulos policías al aceptar la forma de juzgar la inocencia de los cuatro tipos apañados. La obesa señorita, que vestía como cualquier emo de quinta por cierto, ya se encontraba afuera esperando seguramente a Rafael.

Como si se encontrara libre de culpa o acostumbrado ya, aquel gordo, mientras seguía mentando madres, lanzó la cartera contra los monitores de las cámaras de vigilancia que se encontraban apagados. “Cálmate pinche Tarolo (o Marolo o Carolo, no se escuchó bien), bájale de huevos… Ya puede irse joven” Me decían mentras me jalaban bruscamente del brazo y me sacaban del módulo a hacerle compañía a la gorda emo.

Las líneas 1, 2 y 3 del Metro, que corren de Pantitlán a Observatorio, Cuatro Caminos a Taxqueña y Universidad a Indios Verdes, respectivamente, concentran 60% de delitos cometidos dentro del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, según revela el Análisis de la Incidencia Delictiva en el STC Metro.

En la estación Hospital General ya me hacía sobre el último tren. EN punto de la una de la mañana. Ahora formo parte del archivo de nombres del metro al igual que Rafael, Tarolo y aquel desconocido que salió a combatir a aquella rata.

Aproximadamente ocurren 50 robos en el metro cada día. No pude conseguir una entrevista con un ratero carterista, aún así, estuve lo más cerca de la acción para corroborar la ineptitud que aún presenta este gusano gigante en cuanto a seguridad se trata.

Y después nos preguntamos ¿Por qué hay locos que balacean en las estaciones? Simple. Porque es una de las fallas de aquella matrix, de ese mundo llamado Metro.



por Juan Mendoza

- Jefe de Información

METRERAS

México D.F, 4 de octubre del 2009. Es bien sabido que en el último vagón de las estaciones del Metro existe todo un rito de ligue entre gays, no es que este vagón sea exclusivo de esta comunidad, pues sucede en todos los vagones y en todas las líneas, simplemente se presta más en el último, con excepción de la línea que va para Ciudad Azteca en el que podrás abordar el primero para percatarte de esto y bajo el reloj de la estación Hidalgo en la Línea Azul.

Este mundo subterráneo cuenta con cientos de historias de temática erótica y sexual, aunque también forja fuertes relaciones entre aquellos que lo hacen habitualmente, refiriéndome al acto de ir entre las 7 y las 12 pm para ver que se encuentran y echar desmadre entre amigas. Y como para todos hay, lo congruente será que te encuentres de TODO, este de todo reúne a jotas, vestidas, closeteras, daddys, osos, leatheronas, posonas y de vez en cuando una que otra chichifa, no es que esto sea un muestrario o catálogo pues también habrá estudiantes que salen de la escuela y señores que salen del trabajo buscando un poco de acción.

Para acercarlos más al tipo de situaciones que ahí suceden les contaré mi experiencia al abordar el último vagón. Eran las 10:17 pm cuando me dirigía a mi casa pues había finalizado mi horario de clases, para esto debo tomar la Línea Rosa en Isurgentes y de ahí transbordar en Tacubaya y tomar toda la Línea Naranja con dirección al Rosario, de entrada toda la primer línea estará abordada por gays, ¿por qué será?, pero bueno, nada pasó en mi pequeño recorrido de Insurgentes a Tacubaya, lo interesante llegó al transbordar a la Línea Naranja. Justo bajando las escaleras un chico alto moreno claro me rozó el brazo rebasándome y volteándome a ver, no se me hizo raro pues es muy común el contacto de ese tipo y las miradas en el ambiente, continúe caminando hasta llegar al final del túnel, donde había una parejita iniciando un faje y un oso a mi izquierda, voltee de reojo para ver si los polis no les decían algo, pero nada pasó. Fue muy poco el tiempo transcurrido cuando comenzó a escucharse que el metro se acercaba, finalmente se paró y abrió sus puertas para que nos incluyéramos en eso de las miraditas que en muchas ocasiones son bastante molestas, ya adentro, me senté y me dediqué a observar, no había mucha gente pero los pocos que estaban armarían todo el show pues conforme íbamos avanzando de estación en estación aumentaba la interacción de los usuarios, lo más incómodo fue cuando un señor de aproximadamente 32 años se me acercó, con un cordial saludo agarrandome la pierna , lo único que hice fue sonreír muy fingidamente mientras le quitaba la mano.

Hola ¿cómo estás? me dijo, muy bien, gracias, contesté, la verdad no quería hacerle platica pero el insistió, me comentó que vivía unas estaciones adelante y que sino me animaba a coger un rato, de nuevo salió mi sonrisa fingida, y le dije que no, al parecer estaba dispuesto a que yo accediera, acto seguido, se comenzó a masturbar junto a mí, sabía que el esperaba más acción de mi parte como la que estaban haciendo unos recién conocidos en asientos más adelante, pero está cabrón que llegues con alguien y accedas a tener el mínimo contacto sexual pues no sabes absolutamente nada de él, siendo paranoicos, podría ser un mataputos y que susto cuando andes por ahí en la calle todo tasajeado o violado por andar de caliente; nunca está demás suponer un escenario algo exagerado cuando se trata de tu seguridad.

Este tipo de cosas son comunes y muchos acceden a tener un rapidín ya sea cerca de las estaciones o en el mismo vagón, eso está más hardcore, pues ya hacen show y no faltan los voyeristas que se la anden jalando mientras ven a la parejita cogiéndose entre estación y estación, también en una onda más relax están los que esperan en las estaciones ya sea por las mañanas o en las noches para tener ya sea un mañanero o lo que salga por la noche.

El subir a este vagón no te asegura que siempre encontrarás demostraciones explicitas con alto contenido sexual, pero nunca faltará una miradita, y el típico ligue que consiste en el reconocimiento de la otra persona pasando de las miradas, a una sonrisa y de ahí el acercamiento para charlar.

Todo esto es real y no se queda en sólo leyenda, son sencillamente puntos de encuentro y contacto, surgen desde amistades hasta sexfriends, pero esto ya queda a criterio de aquel que se decida lanzar en este ambiente, personalmente se me hace súper nasty ver weyes cogiendo y ofreciendo su paquete o parándole el culo a quien desee, no digo que esté mal, pero simplemente no es para todos.

Octavo Zamitiz
- Reportero

A quién carajo le dicen así

Jotas: Gays sumamente afeminados, tienden a autobautizarse en femenino, ejemplo: Roberto ( La Roberta) son muy obvios y tienden a imitar a sus divas.

Vestidas: Gays con una súper producción enfocada a la mayor similitud posible con una chica, tienden a ser un poco agresivos.

Closeteras: Gays que no revelan su identidad secreta, al menos ellos creen que no se les ve.

Daddys: Hombres maduros gay que se quedaron en la adolescencia.

Osos: Gays que se caracterizan principalmente por su complexión robusta y exceso de vello que los recubre, imagínense un hombre Harley Davidson.

Leatheronas: Hombres con un fetiche por la piel, les verás usando pantalones de cuero y un sinfin de artículos para vestir del mismo material, aquí también puede entrar el hombre Harley Davidson.

Posonas: Son como los wanabee o bloffers en el mundo gay.

Chichifo: Chico que ofrece los dotes que le dio la vida por una determinada suma de dinero.

UN RAPIDIN...

Prostitución en el Metro.

México D.F, 4 Octubre 2009. El metro: Sistema de Transporte Colectivo (STC) con doscientos kilómetros de vías, más de cuarenta millones de ratones, y cuatro millones y medio de personas que transitan cada día, es el transporte público más usado en la Ciudad de México, el punto de reunión de estudiantes, profesionistas y todo tipo de gente. Un mundo subterráneo y clandestino, donde la prostitución no anda a flor de piel, sino en un grande, largo y angosto gusano de color naranja.

Si son de las personas que piensan que el metro sirve sólo para comprar discos piratas, chicles y trasladarse a su trabajo, escuela u hogar, pues permítanme decirles… que están equivocados.

Como bien saben, el deseo sexual anda presente a todas horas y las ganas en ciertas ocasiones no se pueden contener, así que el metro es otro escenario perfecto, para la seducción y placer de prostitutas, manoseadores, metreras y mirones.

Diariamente el metro tiene horas pico, las cuales se vuelven un baño de vapor o un exquisito sauna, donde los masajes de carnes y los rozones “sin querer”, son la atracción del día. Ya en las noches, el metro se vuelve el mundo de la diversidad sexual, que sólo por 2 pesos (que es lo que cuesta la entrada), puedes obtener la satisfacción que tanto buscas.

Las prostitutas del metro no son difíciles de encontrar, llegué a la estación Revolución (Línea 2) a las 9:30 pm, no había tanta gente ya que era sábado, di un recorrido por toda la línea y me encontré con 5 mujeres, bueno, 2 señoras y 3 travestis distribuidos en las escaleras de las dos direcciones de la estación, parecía que estaban esperando a alguien. Para mi mala suerte las señoras no eran nada atractivas, así que tome un respiro y fui con una de ellas, tenía una cara ruda de “haberlo vivido todo”, un cuerpo con carne de más y vestida con una minifalda, la cual no sé cómo pudo entrar en su cuerpo. Cuando me acerqué, la señora de inmediato comenzó un flirteo hacia mí, los conqueteos simples de “qué guapo muchachito, quieres compañía”, me obligaron a preguntar ¿Cuánto salía que me echara un mano?, la señora me dijo, tratando de ser cachonda 400 pesos con todo y hotel, en ese momento le dije que no, esperé el metro y continúe mi trayecto a la siguiente parada, la Línea Rosa.

Ya en la estación Balderas, recordé los rumores del último vagón “donde todo puede pasar” y decidí explorarlo a ver si tenía más suerte. La Línea Rosa a diferencia de la Azul, parece que es un imán para los homosexuales, no sé si sea por el color de la línea, pero la diversidad sexual se hace presente muy bien.

Observé a mi alrededor y había más gente en la estación que en la Línea Azul, caminé por el andén hasta llegar al final y subí al vagón, para mi mala suerte (otra vez), había puros hombres en él, no estaba exageradamente lleno, pero si había mucha gente de pie.

De inmediato me coloqué en una pared del metro, para evitar ser víctima de un “arrimón”; cuando entré al vagón, las miradas por un momento se dirigieron hacia mí y después volvieron cada una a donde estaba, empecé a analizar la situación, la cual se veía muy normal, chavos besándose, platicando, uno que otro fajando, pero la mayoría se echaban el ojo unos a otros.

De repente en la estación Pino Suárez, ocurre algo extraño para mí y muy común para los demás, uno de los chavos que estaba sentado le empieza a tocar la pierna a la persona que estaba junto a él, poco a poco su mano fue subiendo hasta llegar a la ingle del chavo, donde comenzó a tallarla, mientras ocurría eso, los besos y caricias no pasaban desapercibidos, después, otras personas que estaban de pie y en una esquina del vagón, empezaron hacer lo mismo, la mano de uno de los chavos se deslizó hacia el cierre del pantalón del otro y metió su mano, a diferencia de los que estaban sentados, ellos hacían el intento de cubrirse con una mochila, estas acciones dieron principio de una cadena de favores (literalmente), donde se creó una tensión muy fuerte.

Tengo que hacer mención que estas acciones duraban lo que el metro recorre una estación, algunos hacían una pausa en lo que el vagón detenía en cada estación, otros de plano estaban muy calientes y seguían en lo suyo.

Después de dos estaciones el chavo que estaba siendo tocado en la ingle, saca un billete y se lo entrega al otro wey que de inmediato sale del vagón, estas cosas parecían ser comunes, ya que los que estaban a su alrededor no tenían ninguna reacción extraña, ahí me di cuenta de lo que es la prostitución en el metro.

Unos arrimones, una masturbada, una mamada, una dedeada, son fantasías sexuales que se viven diariamente en los vagones del metro y que las prostitutas y todo tipo de gente ansiosa están dispuestos a realizar. El placer y seducción son emociones que el metro también vende, el chiste es abrir bien los ojos y ver más allá de la fachada principal que el metro nos muestra.


por Miguel Contreras
– Reportero.

LAS MAFIAS "SECRETAS" DEL METRO

Era una mañana como cualquier otra y me dispuse a escuchar y enfrentar las opiniones y experiencias de las diferentes partes involucradas en el comercio informal del Transporte Colectivo Metro.

Sin duda, todos los usuarios del Metro hemos notado a los infinitos vendedores que en ocasiones huyen y se ocultan de las autoridades del medio. Los hemos visto en los vagones, en los pasillos, en las correspondencias; en el piso, con sus mochilas, con sus canastas; en horas pico, a la apertura y al cierre de las instalaciones; nos han estorbado, empujado o hasta impedido el paso; pero quizás a muchos los han hecho felices con sus productos, les han llevado hasta sus manos discos, chicles, Kleenex, chocolates, paletas, juegos de mesa, juegos y artículos de moda entre un sinfín de cosas más.

Decidí comenzar conociendo la parte legal en voz de un jefe de estación que prefiere quedar en el anonimato por cuestiones de seguridad. En esa pequeña, fría y modesta oficina pude notar el intenso miedo que le tienen las autoridades a las mafias del comercio informal, pude ver que a pesar de que esta es una práctica ilegal, en ocasiones son ellos los que tienen de cierta forma el control de las estaciones y sobre todo de los vagones del transporte. De forma rápida y cuál secreto, me contó que hay una orden que tienen los conductores de los trenes de cerrar rápidamente las puertas del convoy si descubren a algún vendedor, para evitar que continúen con su trabajo arriba de la unidad, y de acuerdo a ello, hace poco menos de un mes un conductor de la Línea 1, actuó y en su segunda ronda de trabajo fue golpeado por varios vendedores que ya lo esperaban en la misma estación del sucedo, llevándolo al hospital al borde de la muerta. Sin poder obtener más información salí del pequeño lugar y me dispuse a recorrer estaciones para ver que veía.

Subí al tren, caminé y me transporté hasta la estación Bellas Artes donde encontré a tres invidentes y una chica discapacitada, ella y Martín, uno de los hombres, quienes habían trabajando en la marca Berol, hasta hace dos años, me contaron varias cosas: débiles visuales, ciegos totales y algunos incapacitados forman parte de una organización cuya única exigencia es que la venta sea únicamente de discos, el pago de una cuota de $1 diario para gastos de representación, pago de luz, renta, teléfono y papelería, pero sobre todo, tener un horario de base de 10 am a 5 pm. Me explicó que las bases eran las estaciones Tacuba, Cuatro Caminos, San Antonio Abad y Bellas Artes, donde deben formarse para esperar su turno y subir 2 estaciones por vagón con sus discos. – Los jefes de estación nos ayudan a subir a los vagones o al siguiente tren cuando nos bajan – me dijo al preguntarle si tenían problemas al tener una actividad ilegal. Martín cree que el respeto de tiempo y espacio lograría el éxito de vendedores videntes e invidentes. Finalmente, me comentaron que su organización pertenece a un partido político, mismo que me fue imposible sacar de su voz.

Me moví unas estaciones más y me encontré con dos jovencita que a diferencia de los dos vendedores anteriores resultaron muy cerradas y celosas de la información, debo confesar que fue una entrevista muy complicada. Al preguntarles por su líder, una de ellas dijo que se llamaba Chucho, a lo que la otra contestó frustrada, enojada y apretando fuertemente los dientes: - Claro que no – y después ambas argumentaron no recordar su nombre. Las dos jóvenes tenían entre seis y siete años trabajando en esto bajo tierra, en la Línea Azul, la cual les había designado su líder, mismo personaje al que le pagan $100 semanales por tener un permiso que las protege lo más posible de los operativos, pero si las apañan saben que únicamente tienen que pagar $50 y de vuelta a los vagones. Con imposibilidad de obtener más respuestas que no fueran sí, no, y mmm. Decidí seguir mi camino y buscar un Policía Bancario.

Cambié de estación, para evitar conflictos y me acerqué a los torniquetes, un Policía Bancario que evadía casi la totalidad de mis preguntas y uno que intentaba resolver mis dudas me atendieron. Ellos me hablaron de los operativos que se programan a distintas horas, pero diariamente a lo largo del sistema. Dijo que se les pide a los vendedores que salgan y de no hacerlo son detenidos, subidos a una patrulla y llevados al Ministerio Público o a la delegación más cercana con todo y sus productos, donde un juzgado cívico atiende la denuncia y decide el fin de ésta.

Después de haber escuchado todo esto y de haber visto a un par de jefes de estación comprando discos y hablando de wey a un vendedor, no puedo más que preguntarme ¿Dónde demonios están las leyes o quien las haga cumplir? Porque me parece imposible que cada día sean más y más los vendedores que suben de vagón en vagón ofreciendo sus productos. ¿cómo es posible que sean las autoridades del Metro las que teman a las opiniones y actividades de los ilegales vendedores? ¿a dónde llegaremos teniendo un medio de transporte colectivo en el que personas con actividades que incluso son delito federal, como lo es la piratería, tienen el control?

Pero finalmente, creo que somos los usuarios los culpables de este serio problema, ya que si no compramos e incluso los buscamos, su negocio no sería rentable y poco a poco comenzarían a desaparecer con sus productos pirata, rancios, caducos, defectuosos o hasta usados. Así que todo está en tus manos. Decide si estás dispuesto a vivir y viajar con esto… ¡Es hora de actuar!

Gabriela de la O
- Jefa de redacción