EDUCANDO, EVITAMOS EL RUIDO


Marcial Báez

Cuando no estamos acostumbrados a las vibraciones irregulares a intervalos también irregulares, emitidos por un cuerpo, requieren tiempo para “penetrar” en el entendimiento, éstas son registradas como ruido o discordancia.

Actualmente en nuestra ciudad, esto se ha convertido en un grave problema; ya que puede ser directamente peligroso e incluso ocasionar lesiones en el oído y en el sistema nervioso.

El origen de este mal tiene varias raíces, una de ellas se remonta al surgimiento de una nueva clase social que tenía como demostración de riqueza y de poder, la exhibición de lujosos carros y cuyas bocinas proyectaban con estridencias el deseo de informarles a sus conciudadanos su nuevo estatus, a la sombra de los estupefacientes. De ahí el alargamiento de sus tentáculos aupando la creación de los espacios necesarios para la venta y uso de los mismos.

Los amigos lectores estarán de acuerdo conmigo en que lo más importante para detener esta avalancha, será tomar como defensa a la educación. Su falta es otra de las causantes que mantiene el caos en donde vivimos.

Antes, la escuela era una continuidad del hogar referente a la corrección del estudiantado en todos los sentidos, en el aseo personal, en el comportamiento, cosas que han ido perdiendo validez, quedando olvidadas en el baúl de los recuerdos con una apatía asombrosa por parte de los que componen esta sociedad. Limitándoles a esta generación el derecho a razonar sobre el equilibrio, la organización y sus responsabilidades hacia los demás. Evitando así, las groserías que abundan en las oficinas públicas y en las privadas, en las escuelas, en las universidades, en las guaguas de transporte, en los carros de concho, en la prensa, en la radio, en la televisión; diseminada por todas partes.

La falta de respeto a la valoración de las buenas costumbres y hacer tronar a la música para escucharla se ha convertido en un hábito; ya sea en los colmadones, en el hogar, en los automóviles, en los chimichurris; introduciéndose sin permiso en la intimidad y tranquilidad de la familia, acosándonos hasta cuando disfrutamos de la playa. Fomentando los vicios en contra de la salud... Interrupciones que no estamos obligados a soportar.

Debemos educar para borrar de un tirón esta calamidad, que se cuela dislocante en nuestro estado de ánimo. Camila Henríquez Ureña es su tesis sobre Las ideas Pedagógicas de Hostos nos dice que este concebía la educación individual como una dirección del desarrollo del individuo y de su adaptación al medio, que debía abarcar las tres esferas vitales; la intelectual, la moral y la física y encauzar el desarrollo natural de acuerdo con los fines de ideales de la sociedad. Quería Hostos que la escuela cooperara con la sociedad como órgano suyo y pensaba que en nuestras sociedades en formación esa cooperación era una necesidad imperiosa. Quería socializar la escuela; abrir sus puertas para que irradiara su labor, hacerla llegar a la calle, a la familia, a la ciudad, al país, y organizarla en su interior con ese fin. Se queja de que el instinto de corporación se descuida hasta el extremo de que la escuela se disuelve cada día a la hora de retirarse profesores y alumnos de las aulas. La escuela termina en la puerta de la calle.

Es loable el gesto de un grupo de personalidades de esta comunidad, que preocupados y afectados directamente por el alboroto, entre los que se encuentran el Sr. Francisco Suriel y Doña Raquel Madera de Hasbún, decidieron formar el Comité Contra el Ruido. También con anterioridad las instituciones: FEPMA, PNUD Y PRONATURA bajo la dirección del Ing. Luis Casilla habían iniciado una campaña en ese sentido, mediante el Proyecto Reducción Ruidos y Co. Utilizando afiches y teniendo conversatorios con los “motoconchistas”. Estos movimientos necesitan de nuestro apoyo, pues es la lucha para erradicar un problema que nos concierne a todos.

Esperamos que esa misma disposición se mantenga, concientizando a la sociedad y que no se convierta más tarde, en vía fácil que algunos utilizan recaudando fondos mediante la represión. Ya que, el temor de perder fuentes de ingresos conlleva el pago para la obtención de libertades. Mantenemos la esperanza de que todavía en nuestra oficialidad las reservas morales no están agotadas y no tengamos el ejemplo reiterativo en las rifas de aguante “la Caraquita”... sin comentarios.

Revista Desafío, San Cristóbal, R. D. Del sábado 17 al viernes 23 de septiembre de 1994. Pág.6