FOTONOVELA: LILIS HEUREAUX, SANGRE, PAPELETAS Y CARTAS DE AMOR / JIMMY SIERRA



 Guión y realizacion: Jimmy Sierra/ Fotografia: Juan Bautista Sánchez/ Asistente: Julio Polo/ Diseño: Segundo Marte.

Reparto: Ulises Heureaux: Roberto Mojica / Ramón Castillo: Juan de Dios Balderas / José Estay: Chamound Acosta / Gregorio Luperón: Bolivar Mejía / El barbero: José Mateo / Genral Pereyra: Virgilio Bonilla / Eugenio de MArchena: Felix Herrera.

Personajes Varios: Lucas Abreu, Juan Herrera, Carlos de la Vega, Marcos Pérez, Héctor Herrera, Victor Díaz, Héctor Matos, Luis Morillo, José Antonio.


CARTA DE AMOR DE LILIS A UNA DAMA.

FRAGMENTOS

MAYO, 9 de l892

“Rosa muy querida y muy pensada: esta mañana a las 10 llego el correo de Europa. Pocos después acariciaban mis manos los reflejos de tu corazón, las dulces expresiones de cariño con que se alimenta tu espíritu y te da fuerzas para corresponder a tantas y tanta vehementes impresiones. Si, rosa muy deseada no puedes imaginarte como he consagrado mi existencia a tu amor, y mi tiempo a pensar en tus gracias y en la falta que me haces, tanto as cuanto que tu amor, y mi tiempo a pensar en tus gracias y en la falta queme haces, tanto mas cuanto que tu amor ha expulsado de mi animo las imágenes que habían venido mortificando tu exigencia (…)

“Gracias amada mía, por las florecitas engalanaban tus letras y cuyo olor se asemejaba al de tu aliento perfumado y seductor. Al besarlas me pareció tocar tus labios y esa circunstancia, agradable por cierto, produjo en mí una conmoción que a tu juicio dejo determinarla- Oh ¡qué fascinadora eres. Y por qué a la par qué me causas esas agradables impresiones me dices que esas flores te fueron dadas como pruebas de cariño por tu esposo (...)

“Has corrido un riesgo inminente, y aun lo corres. Pies conservas en tu poder todas mis cartas y las contestas en tu propio “cabinetet”, exponiéndote, como acaba de suceder ahora, a que entre tu marido y te sorprenda entretenida en tus relaciones conmigo y con las pruebas que ponen en plena evidencia nuestro amor, tu honra, tu nombre y el mío, y, como consecuencia el escándalo, cosa que tanto nos empeñamos en evitar y que si por desgracia sucediera daría lugar a que no estuviéramos medios de defensa. Así, pues, querida mía, no persistas en conservar esa correspondencia, destrúyela, y si posible es, desconfía del armario en que la depositas y regístralo bien no vaya a quedar en él algún vestigio (...)

“No debes temer mi viaje a esa gran ciudad. No te preocupes por la venialidad de mi corazón, allí no seré de nadie sino tuyo, allí nada me hará quebrantar mi propósito leal amante, allí en fin, no habrá diosa Venus que me fascine. Tú eres mi estrella y a tí sola adoraré como la diosa de mis encantos (…)

“Réstame decirte que me acompaña a todas horas la medalla que me enviaste, en la cual estampo tantos besos como ocasiones la toco en el día. Me parece verte retratada en ella, tal es la importancia que tiene para mí. Rosa de mi vida voy a suplicarte un favor: no me trates en tus cartas ninguna cosa que sea extraña a nuestras relaciones amorosas, puesto que me agrada leerte a ti sola. De los negocios de tu marido me hablaras en la carta personal que me envías por conducto de tu marido y que recibo puntualmente dentro de la de él.

“Creo que esta carta al fin llevará a tu ánimo el fastidio, es demasiado larga, pero en cambio, si mis palabras, mis cariños, mis súplicas y mi amor alientan tu espíritu, habrás de gozar con ellas como gozo yo con las tuyas, para terminar ahogando en mi corazón las privaciones de que soy objeto por tu causa.

“Consérvate buena, hermosa y preciosa como la estrella del alba, como la ROSA BLANCA mimada por tu muy querido y tú tierno amante.