EL LADRIDO DE LOS PERROS de Limberg Báez


Limberg Báez nació en Estebanía de Azua, y reside en Santo Domingo desde 1951.
Dedicó toda su vida al comercio, en labor paralela de su pasión por la lectura y la escritura, hasta que paulatinamente fue perdiendo la visión.
Ha escrito cientos de cuentos que mantiene inéditos, y esta novela es su primer libro publicado.

Introducción

Cuando abres un libro por primera vez, seguido buscas una palabra que te indica el comienzo: prólogo, prefacio, introducción, para luego ver que tiene para ti el resto de su contenido. Previo a esto, es práctica casi general de los autores usar páginas enteras en una simple dedicatoria, un breve pensamiento, o dos o tres palabras, con una soez pretensión. Cosas estas que al lector poco o nada importan. Y la finalidad real es abultar la obra, agregando hojas, nada más que hojas de papeles, insustanciales. En este macuto les doy, rebulugeado y brevemente, lo que pueda interesar.

Enmarcada en un romance de entrega y pureza, el objetivo esencial es recomendar, pedir, exhortar u obligar, si contara con la autoridad para hacerlo, a todo el vivo, que busque ser atrapado por el placer que genera la lectura, en especial textos de contenido comprobables, sin caer en fanatismos con aquellos confeccionados solo de fuentes orales, aunque te parezcan verdades.

Celito Crespo es el nombre del personaje principal, un profesor de campo, y ese es su accionar. El escenario, un pueblo que existe, y que quizás, por haber nacido allí, lo expongo, como todo el vivo quisiera que sea su lar amado; un lugar donde duermes con las puertas abiertas, donde todavía existen los trueques de un alimento por otro, y donde el ladrido de los perros, no es para alertar su dueño, es para saludar al extraño.

Como libro lo dedico, con agradecimiento sincero, al que lo lea. Como legado, es para todos los que amo; que son muchos…

Homero presenta la vista primera al albor del día, quizás por verla desde su inicio real, como la Reina de los dedos dorados, que anuncia su llegada. Desde un tendero, cinco por ocho metros, de arena piedra y cemento que construyen en los campos, para secar y palear granos, y como un manto blanco azulado, franqueada por el gran lucero de la mañana, es que veo surgir inmensa, la motivación de primer capítulo de esta obra, La Aurora…