UN NEGOCIO "Capa Perros"





Agustín Perozo Barinas




Es mal negocio ser parte de casi un 50% de la población que se abstiene de votar en las elecciones nacionales y que se siente representada en un 0% en los poderes de Estado. La indiferencia ciudadana sobre la irresponsable conducción del Estado es tolerable hasta que las consecuencias les toca a cada uno, como ya se traduce en inseguridad generalizada, en mayores cargas impositivas, en cuestionables ejecutorias gubernamentales, en precarios servicios básicos, en un quimérico 4% del Producto Interno Bruto para educación, en limitadas oportunidades para los egresados de universidades y politécnicos, etc.




Entre tanto, mantenemos funcionarios con ingresos excesivos que los cubre perfectamente un presupuesto donde no sólo draconianas exacciones tributarias son el pivote sino también el señoreaje y el endeudamiento. En su lógica de “el poder es para usarse”, estos políticos, ya como burócratas, sumados a sus asociados del sector privado, se presumen ‘superhombres’ y los tributarios más abajo somos el medio para ellos evolucionar en casi semidioses, posicionados más allá del bien y el mal. Intocables, inequívocos, laudables, inobjetables. ¡Tenemos el privilegio de contar con ellos, sin cuya guía y valores tendríamos una existencia laberíntica!.




Con una deuda consolidada del país sobre los 22,000 millones de dólares y engordando, nos dicen que la misma es perfectamente manejable pues debe evaluarse en correlación al Producto Interno Bruto y éste va en crecimiento. Un PIB que va en progresión apoyado en préstamos. ¿Hasta qué punto esto es viable?




Los cerebros infalibles e incontestables que abundan en la recargada burocracia dominicana oportunamente nos presentan las puntuales explicaciones e interpretaciones. Según sus estrategias, tomando más prestado, mientras los capitales de las potencias fluyan buscando mejor rentabilidad en estas economías emergentes, dinamizamos la nuestra, crece el PIB y habrá un punto de retorno con ésta ya fortalecida en un ambiente futuro de estabilización de la economía mundial y se recuperaría la capacidad de desmontar la deuda acumulada en un tiempo razonable... Todo está bien, todo va bien, nos dicen.



Y asombrosamente esta clase gobernante, que se turna en el carrusel tricolor de La Tripleta, es creativa. Desfalca y luego se apresta a promover leyes contra la corrupción sin que se exijan auditorias independientes a las gestiones de los funcionarios y promover eventuales sanciones, hasta con carácter retroactivo, si se comprobaran dolos. “Haremos” como si no hubiesen desgobernado un sólo día.




No hay lugar a dudas, que todo está bien, todo va bien, nos dicen... Sin embargo, hay un contrariedad para mantener el circo indefinidamente: la grave crisis económica en los bolsillos de una población con cada día más irritantes carencias. Toda acción tramoyista desviadora de escrutinio de la situación actual pierde su propósito campanudo ante ésta.




Y entonces, abstraído en pensamientos, decidí caminar en una serena mañana de mediados de julio por un deforme camino de tierra a través de un collado de San Cristóbal. Aún el trémulo rocío se agrupaba en pompitas de cristal entre ramillas y hojas que jugueteaban con la fría brisa que se apresuraba desde colinas engalanadas con difuminados tonos de verde, mientras un roncal canturreaba una apacible melodía... ¡Todo está bien, todo va bien!.