¿QUIEN NOS REEMPLAZARA?




Marcial Báez


La propuesta se internó rápidamente en el subconsciente, este codificó el mensaje, lo releyó una y otra vez; de inmediato inquietó de una forma inusitada al pensamiento que tranquilo, intentaba escribir algo al margen del “pan nuestro de cada día”, suministrado por los Medios de Comunicación, donde irremediablemente vamos a parar atraídos por el gran escenario carnavalesco, versión caribeña, de las mutaciones caricaturescas distribuidas por su anfitriona, la Política.


Eso sí, repercutió de una manera imperante y se situó justo en la sensación a dejar complacida esa curiosidad que tal vez haría correr, como ánima que lleva el diablo, a la frase en cuestión. Esta desesperada, va al encuentro de los que límpidos de corazón se ajusten el traje de la justicia valedera.


¿Quién nos reemplazará? La intención, magistral y conflictiva al mismo tiempo; por acá la acogida a su crecimiento sería mínima ya que la múltiple acepción: sustituir, suplantar, relevar, no aparece en el diccionario vivencial de los que se proclamaron elegidos por obra y gracia del Espíritu Santo.


Sin abundar, nos damos cuenta que la opción al cargo será tortuosa, porque no prevalecerá la calidad humana y profesional del seleccionado en las vigentes normas institucionalizadoras; la experiencia nos indica, que una de las características esenciales escondidas en lo más profundo de sus intenciones es la mediocridad rampante, representada muy fielmente por sus más aventajados descendientes: la corrupción, la hipocresía, la envidia, el egoísmo, la vanidad y la avaricia.


Así, el tropel incide en todas las corrientes dirigenciales y organizativas del saber, haciendo mínima la participación en la aportación de dinamismo, inyectando nuevas inquietudes al unísono de los adelantos actuales.


Se nos ha negado el acceso al circulo sempiterno, alegando el limitativo de la juventud; pero la vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos. “No ha vivido más el que cuenta más años sino el que ha sentido más su ideal, las canas denuncian la vejez, pero no dicen cuanta juventud la precedió” (José Ingenieros).


Adrede, a través de los tiempos han ido obstaculizando pausadamente el camino que nos conducirá a los objetivos programados, reprimiendo el interés de todo progresista social a sentirse satisfecho de ver cristalizado el resultado de los conocimientos adquiridos, paralelo a las transformaciones políticas, culturales y sociales e irlos adaptando a las necesidades primordiales que la nación amerita.


Sin lugar a equivocarnos, la obsesión tiene sus raíces en épocas pasadas y todavía persiste con insistencia en establecerse por los siglos de los siglos en contra de la mayoría; esperanzada de tener las puertas abiertas a un futuro mejor, dando soporte a la fe, de que a la hora señalada será entregado el sitial ocupado sin alterar el rumbo del destino, siguiendo el curso natural de la vida.


EL SIGLO XX QUEDO ATRAS. (El sol,1991./ Revista Desafio,1995). Marcial Báez. 2000