GENESIS: Un artículo corto para el Día de las Madres



Dedicado a Blanca Kais Barinas.


Agustín Perozo Barinas


Es tal la tierra donde un labrador hincó la simiente diminuta, la empeñada en ser más que desnuda materia y transmutarse de raíz estática a inquieta agitación motora, ya como franca hacedora de huellas. Allí emprende la historia.


Entre pasos y caídas vamos creciendo y la resuelta mujer vela por sus hijos. Un paso, una caída... y le preocupa la proporción. Quiere más de uno por menos de la otra con una dedicación que le apurará toda su savia por estos retoños. Delineará el mejor horizonte existencial posible para ellos y éste será su inmarcesible desvelo hasta que ese anhelo se forje realidad. Es una madre...


El ser que mayores impresiones nos estampa y que casi todo pasaje de nuestra vida la lleva grabada. Cada madre, una ilusión. Pero ella no se aquieta con la figuración pues quien inicia vida la custodia y asiste celosamente, consumiendo su existencia por esta nueva que le germinó en las entrañas. Es su familia primordial que se traduce en la célula social que, junto a muchas otras, conformará la sociedad.


El hombre dominicano ha diseñado y dispuesto la sociedad que tenemos hoy, no la mujer, donde no se ha reconocido ni correspondido a ésta con altura y responsabilidad. Tenemos cientos de miles de dominicanas agotadas, impotentes y embotadas. La insensibilidad ante lo más venerable en la existencia misma, que es la iniciadora de vida, es aborrecible. Lo que más angustia a cada madre son las carencias, dolencias e inseguridades de sus hijos en una sociedad inicua, sin oportunidades de desarrollo para ellos.


En esa orientación está la inspiración para motivarse a cambiar este estado de cosas, que no germinan del amor. En estos tiempos tan orientados al desenfreno hedonista se ha degradado la frase “amor de madre”, que es el sentimiento primigenio de la condición materna, a simbolismos ligados a conmovedoras emociones pasajeras.


Entre la fruición y la incertidumbre “dará a luz..., alumbrará.” Esto es, “sacará de las tinieblas”. Un ser capaz de este prodigioso paso natural es superior. Toda sociedad que valore a la mujer es noble, generosa y desarrollada; donde los hechos pesen más que desgastadas propuestas recicladas, fórmulas demagógicas y enunciados retóricos. Es inhumano no educar y formar a nuestras mujeres para que no procreen más hijos de lo que indique la prudencia y recursos en perspectiva.

La mejor recompensa por la dimensión de su entrega sería reformar las condiciones para su bienestar general y garantizarles una edad provecta con dignidad en una sociedad inspirada en, por y para sus mujeres, génesis de vida. Contra los antivalores y el desamor, no vendría mal enfrentarlos con la firmeza que irradia esa virtud.