LA TRIPLETA




Agustín Perozo Barinas


Al igual que ayer, como hoy, estaremos mañana”.


Consigna de La Tripleta.


I
Las informaciones que nos dan los gobiernos de los partidos tradicionales que han desgobernado nuestro país desde 1966 y que conforman la Triple Alianza, ya apodada La Tripleta, no revelan cuánto ha pagado República Dominicana en amortizaciones de capital e intereses por la sumatoria de empréstitos que han manejado durante 43 años, y como derivación al informe sin retoques, el total de la deuda actual consolidada, que excede los veintidós mil millones de dólares al 2011. Como informan que estamos mejor materialmente, es atinado preguntarse a qué costo.


Winston Churchill escribió: “El vicio inherente del capitalismo es la injusta distribución de las riquezas; y el vicio inherente del socialismo es la justa distribución de las miserias”. Los infalibles economistas, financistas, banqueros y demás recetarios, tienen todo tipo de fórmulas, elucidaciones y proyecciones, sumado a un irrebatible juicio, que nos hace casi olvidar que de su clase nos llegaron los fraudes bancarios, tanto en nuestro país, como en las potencias mundiales, siendo muchos de sus protagónicos actores “brillantes” genios de las mejores universidades del Primer Mundo.


Estos fraudes han potenciado la pobreza en el planeta de manera histórica y no aprendemos la lección. Estos intelectos, apoyados por estructuras políticas dominantes, recomponen su propio desbarajuste privilegiando los intereses que en principio generaron la debacle financiera. En nuestro caso, es La Tripleta la que sustenta esos marcos de poder. Y los ciudadanos, los que votan a favor y los que se abstienen en contra, validan su permanencia. Unos por acción y otros por omisión.


Cada partido tradicional se han constituido en una forma de compañía por acciones, donde la ganancia, no el interés social, es su esencia primordial. Comprimidos estos tres partidos en La Tripleta, maniobran ahora como una corporación multinacional. Impersonales, insensibles, inhumanas, donde el lucro lo es todo. Y el Estado dominicano es la mejor ubre, sin dolientes. Desde gangas cesiones de tierras del Estado hasta la adjudicación de otros bienes públicos, así como la usurpación de recursos y activos corrientes en los ministerios y otras instituciones. Diariamente se denuncia tanta degradación del erario, pero si la cabeza de turno de La Tripleta no reacciona a favor del interés nacional, nada detiene a los depredadores. Los intocables mutiladores del futuro.


En Cándido, de Voltaire, leemos: “¿Creéis –dijo Cándido- que los hombres siempre se han dado muerte cruelmente unos a otros como ahora; que siempre han sido mentirosos, patrañeros, traidores, ingratos, pícaros, idiotas, ladrones, truhanes, glotones, borrachos, miserables, envidiosos, ambiciosos, sanguinarios, calumniadores, libertinos, fanáticos, hipócritas y necios?”. Hemos perdido el asombro en nuestra sociedad y el individualismo utilitario impuesto a la gente, como agenda existencial, retrata la realidad como en esas líneas de Cándido.


Es común y de rigor enseñarle a nuestros hijos que desconfíen de todos. Y una sociedad con estos valores retorcidos no es la aspiración de muchos dominicanos que se sienten atrapados en esta aberración encarnada por La Tripleta con sus escándalos de corrupción, impunidades, odiosos privilegios de funcionarios y sus séquitos que deshonran una población desatendida.


II
Un politiquero demagogo de La Tripleta es un monolito indolente. Las secuelas sociales de su accionar les son indiferentes. No reacciona ante la presencia de tantos dominicanos que circulan con sus privaciones. El mal que obra, que perdura por generaciones, no lo intimida ni le importa pues se siente ajeno al mismo. Esa polilla se asocia con sus iguales para priorizar sus intereses en una corporación de partidos corruptores y clientelistas que ha dañado y aspira a seguir dañando a República Dominicana con la búsqueda insaciable de sus propios objetivos mientras pretende ser absuelto in aeternum de toda culpa o señalamiento en el poder judicial vigente.


La crisis económica y el pesado fardo del servicio de la deuda hace insostenible pactos sociales con La Tripleta. Cientos de miles de dominicanos desprovistos de sustento básico protestarán en más frecuente avenencia. Los aparatos represivos también estarán expuestos a esta realidad con miembros de baja jerarquía con ingresos muy restringidos.


El clientelismo que sostiene a La Tripleta, con cual conserva casi un 40% consolidado del universo sufragante nacional, cuesta mucho dinero al fisco. Es una estrategia muy costosa que no se puede mantener en el tiempo con gobiernos que asumen una política sistematizada de endeudamiento imprudente, y cuyo cumplimiento limitará los recursos para esta perniciosa práctica de compra de votos y conciencias contra el auténtico interés colectivo.


Sacudirse de La Tripleta será un logro histórico para la sociedad dominicana, tan vejada, manipulada y exfoliada. Sólo allí, en ese terreno a conquistar para ensanchar el conocimiento, el trabajo y la solidaridad, podrá el pueblo dominicano empezar a esperanzarse en un nuevo destino. No de quiméricas ilusiones, sino el que la educación y la formación cívica les señale para su efectivo desarrollo, como lo lograron otras naciones devastadas por guerras el siglo pasado y resurgieron de nuevo en su previa condición de potencias mundiales.


La denuncia comprometida de miles de indignados dispersos se fundamenta en la pobreza evidente en toda la geografía nacional. El uso de las tecnologías de la comunicación, como las redes sociales, los aglutinará de su dispersión para endurecer una ‘posición de oposición’ a tantos desatinos deliberados y orquestados por esos malos dominicanos a los que se refería el Padre de la Patria.

Extraemos de –Política, Politiquería y Demagogia- el siguiente párrafo: “En la historia de nuestro país hay ejemplos de políticos de genuina probidad, que sacrificaron estoicamente todo interés personal en beneficio de los superiores intereses de la Patria. Sin embargo, su ejemplo no fue seguido por todos. Y se impuso una actitud que, al convertirse en la de la mayoría, transformó el trabajo noble del auténtico político en una actividad que pasó a ser sinónimo de pago de favores electorales, prebendas y beneficios personales. Desnaturalizada de ese modo, la política llegó a ser en la práctica más que nada politiquería y demagogia.”


Los compromisos financieros masivos que se heredarán de La Tripleta, agregados a la deuda social acumulada, serán una espinosa cortapisa para un proyecto político que responda a los intereses nacionales. Pero no es irrealizable. Europa y Asia pudieron renovarse del polvo de las dos guerras mundiales. República Dominicana es rica –tomado en cuenta sus potenciales en relación a su tamaño y su ubicación geográfica-, pero es trágicamente rica, y es por ello que hay que regenerar y afinar su administración. Napoleón expresó: “El necio habla del pasado, el sabio del presente, y los tontos del futuro”. Ya estamos en la hora y su tiempo...