La Divina Comedia, por Pedante Allidigiere

Luis Chauvin h.
EL RASTRO PERDIDO
 La capacidad histriónica del gobernante de Zumbahuaquistán es extraordinaria.
Un reclamo clasista que pudo controlarse a tiempo lo convirtió en golpe de Estado y armó un show macabro que, bien armadito, podría competir con Star Wars, Iron Man, El Siete Machos y el Diablo Cojuelo. O quizá hasta sea digno de recibir el premio Nobel de la Locademia de Policía.
A esto se suma la zafada de tornillo de uno que le patina el coco, que ordenó un remedo de cadena nacional, que no fue otra cosa que un desfile de besamanos de toda calaña que le juraban fidelidad al furibundo monarca.
Con esto confirmamos, una vez más, que la última estrofa del Himno Nacional del Ecuador fue escrita para estos casos: “Y si eternas cadenas prepara, la estulticia de bárbara suerte, gran Pichincha etc.,” ... el resto yatusá.
Les cuento que se equivocaron en la armada de este artículo porque el título no era La Divina Comedia sino “Agripina con medias” y se refería a los contratiempos que sufrió Agripina Zuquillo, para correr, sin zapatos, a fin de librarse de gases y de la balacera de la Mariana de Jesús y la que cruza, el ya tristemente famoso 930.
Pero a la equivocación hay que sacarle provecho, porque “La Divina Comedia” bien puede significar el súper megashow que armó el “Divino Niño” el día 930 (o 30-S, para los puristas del idioma). Este melodrama lo utilizará, sin duda alguna, como carburante en la campaña que se nos viene por la muerte cruzada'