ENTRE LEYES Y CAMOTES...

9 de Noviembre, 2009.- Ya sólo se espera el aval del jurídico del gobierno del Distrito Federal y llevar a cabo las reformas constitutivas que darán paso a la libre unión entre personas del mismo sexo. Sin embargo, no todo es color de rosa (o multicolor).

Obviamente se convierte en tema principal la apertura que demuestra, según el diputado local David Razú (que por si no lo saben, proviene del Partido de la Revolución Democrática), el brindar los mismos derechos que cualquier otra persona puede a nivel constitucional, es decir, no es llevado a cabo por “berrinches” de la comunidad gay. Cierto es que, constitucionalmente hablando, cualquier mexicano tiene el derecho a contratos matrimoniales. No sé que piensen ustedes pero, para mí, las personas independientemente de su preferencia sexual, siguen siendo personas.

A pesar de todo esto, los culeros agachados del Partido Azul (PAN) piensan promover A TODA COSTA reformas para regresar la iniciativa. A pesar de esto, virtualmente la iniciativa del matrimonio libre está casi aprobada.

Nos dice Sergio Eguren, diputado local del PAN, que se hará todo lo posible por frenarla o, cuando menos, limitarle, pues dicen, es “el principio del fin”.

-El paso que sigue- Dijo Eguren a Milenio y a Dios nuestro señor - es la libre adopción de niños por parte de matrimonios gay, lo cual deformaría el concepto de unificación familiar y se convertiría en una producción en serie de familias disfuncionales- O sea… no quiere que adopten niños, dicho de una forma menos despectiva.

El pleito seguirá mientras los perredistas tachan de agachados, chatos de mente y lame botas de la Iglesia (cosa que nadie niega) a los panistas mientras estos refutan que la iniciativa, más que ser una reforma cívica a los derechos humanos, es una muestra de populismo barato con miras a futuras elecciones.

Sea cual sea, pues eso jamás ha interesado, la posición de los políticos ante tal fenómeno, el conflicto está en la determinación de brindar o no derechos constitucionales a personas con diferentes afinidades sexuales (cosa que no tendría relevancia) y, por otro lado, cuestionarnos acerca de la capacidad mental de la gente mexicana, hablando estrictamente cómo sociedad, para sobrellevar casos tan específicos como la adopción para matrimonios gay.

Eso es, aún, un misterio.