¿QUÉ COÑO SON LOS MEDICAMENTOS GENÉRICOS?


Es inevitable, todos en algún momento nos tenemos que enfermar de algo, e invariablemente si tu eres de aquellos a los que les gusta hacerle al doctor y te autorrecetas con ayuda de Google, o si vas al médico, finalmente terminarás en el aparador de la farmacia, después se aparece el encargado al que le entregas tu receta, te da una cajita de 8 tabletas de tu medicamento y en eso te das cuenta de que las cabronas pastillitas te salen casi en $40 cada una.

Preguntas al empleado por la versión económica y enseguida te lo entrega, comparas precios y notas que el medicamento genérico te sale en menos de la mitad de lo que pagarías por el producto original. Entonces te preguntas, ¿Qué mierda es esto, me va a curar?, revisas tu bolsillo y concluyes, bueno, lo que no me mata me hace más fuerte.

¿Cuál es la diferencia entre un medicamento original y un genérico?

Espérense, sí les voy a responder y les aseguro que no les saldré con la jalada de “Es lo mismo pero más barato”, pero primero les tengo que explicar de dónde diablos sale el medicamento original o de patente.

En el mundo existen miles de laboratorios dedicados a la industria farmacéutica, pero sólo algunos se dedican a la innovación de productos.

Cuando uno de estos laboratorios desarrolla un producto nuevo, éste se tiene que someter a una serie de pruebas para demostrar que no es nocivo para la salud, primero se prueba en animales y se va modificando hasta demostrar que no les es dañino, después se comienza a probar en seres humanos, estos sujetos de prueba que bajo su consentimiento se someten al experimento, registrarán todos los efectos que les produce el medicamento y se concluirá la función exacta del medicamento y sus efectos secundarios. Este proceso tarda entre 10 y 15 años aproximadamente.

Finalmente el medicamento está listo, el laboratorio con su receta terminada va y registra su invento (en México) ante COFEPRIS (Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios) y el IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial). COFEPRIS avalará o prohibirá la venta de este producto y en caso de que se apruebe, el IMPI otorgará una patente para que únicamente este laboratorio pueda vender este producto por un plazo de 20 años.

Cuando está a punto de terminar ese plazo de 20 años (aquí es donde entran los medicamentos genéricos) se comienza a liberar la fórmula para que otros laboratorios empiecen a producir el medicamento, compran la patente y la receta e inician pruebas hasta lograr la misma composición que el original.

Es algo así como un pastel, yo tengo mi receta para hacer un pastel de chocolate y después te paso mi receta para que hagas exactamente el mismo pastel, pero tendrás que hacer muchas veces la prueba hasta logar la misma consistencia y sabor que el original.

Terminadas las pruebas del producto genérico, estos laboratorios tendrán que acudir ante COFEPRIS para la aprobación de la circulación de su producto y así terminan en los anaqueles de tu farmacia más cercana.

Debido a que los fabricantes de fármacos genéricos no invierten tanto en investigación, desarrollo, pruebas clínicas y publicidad, sus productos pueden venderse a precios menores.

¡El Problema!

Hasta hace unos 3 años no existía una buena regulación de los medicamentos que circulaban en el mercado mexicano, en realidad podías vender pastillas hechas de gis que no dañaban pero tampoco mejoraban tu salud, esto debido a que no se exigían las pruebas que comprobaban que los medicamentos realmente funcionaban.

En 2005 COFEPRIS puntualizó en la ley que es necesario presentar estas pruebas, a partir de entonces todos los productos genéricos o de patente vencida tienen que presentar pruebas de equivalencia para comprobar que son exactamente iguales a los productos de patente.

En teoría, si todo marcha bien, para 2011 ya no habrá productos en el mercado que no cumplan con su función y con los requerimientos establecidos. En este momento te preguntarás cómo coño saber qué producto realmente es confiable, es sencillo, deberás consumir los productos recetados por un especialista, no autorrecetarte y no compres tus medicamentos en un tianguis de a tres por dos o dos por uno.



Juan José González
- Director General