MANO LARGA EN EL METRO...

México, D.F. 5 de Octubre, 2009.- En punto de las once cuarenta y cinco comencé mi investigación con respecto a quién mete, usa, levanta y se lava las manos. El último metro con dirección a Indios Verdes arriba al metro Hospital General en punto de la una de la mañana. El concierto de Depeche Mode terminó en punto de las once treinta. ¿Por qué tardé tanto en llegar a esa estación?

La respuesta es simple. Subí a la línea nueve junto a la mayoría de la gente que salía de “El Foro Sol” gracias a Depeche Mode. Según Juan Luna, vendedor de tacos del metro Indios Verdes, su hermano Alberto Luna es encargado de seguridad del metro por parte de la policía bancaria y uno de los argumentos clave dentro de los módulos de vigilancia son los clásicos y míticos carteristas. Alberto Luna ha comentado a su hermano (amigo cercano de mi padre) acerca de los vínculos entre estos ampones y los miembros de seguridad. Un punto clave de ataque de estos es precisamente la línea nueve. Su objetivo: Aquellas personas que abordan el metro después de ir a los conciertos. SÍ, CUIDADO CUANDO SALGAN DE LOS CONCIERTOS, USTEDES SON LA PRESA.

Estuve alrededor de media hora buscando a alguien sospechoso. Después de muchas vueltas me di con un regordete señor de baja estatura, con bigote y gorra blanca. El mismo tipo había bajado del metro en la misma estación tres veces. Para la cuarta lo seguí hasta el vagón del fondo, repletamente lleno, quedando yo una puerta antes de la multitud, aun así podía ver sus movimientos claramente. El tipo me veía de reojo y al darme cuenta de encontrarse enterado de mi persecución traté de acercarme y pedirle una entrevista. El objetivo de dicha entrevista era, en un principio, preguntarle acerca de “el manoseo” a las mujeres, pensé sería un buen prospecto; sin embargo, me llevé una sorpresa. Levanté mi celular y tomé una foto que salió movida a causa de lo que pasaría después.

Antes de acercarme más de dos metros a empujones para alcanzarlo el tipo me miró y salió corriendo golpeando a la gente mientras un joven de aproximadamente veintiocho años corrió tras el golpeando a más personas y gritándole: “¡Párate hijo de tu puta madre!”. Después de él salió una joven obesa y un hombre más alto y de mayor edad corriendo tras aquel gordo de gorra blanca. Yo los perseguí, pues suponía que éste último había faltado al respeto a aquella gordita.

Dos policías de guardia tomaron por la playera al hombre aquel lanzando la gorra blanca por los aires. Otro más del brazo al flaco y a mí. El tercer tipo, el alto de mayor edad, nos siguió mientras caminaba y se escuchaba al policía decir: “Ya calmados, no mamen. ¿Qué chingados pasa?”

Resultó ser que nuestro querido amigo gordo sacó, de una manera no tan sutil, la cartera de Rafael (el único nombre que escuché) y este corrió para huir. Nos detuvieron en el módulo de seguridad de la estación Centro Médico. Ahí estuvimos veinte minutos mientras el bigotón ratero me mentaba la madre. Pensaba que yo había avisado a Rafael del robo.

Nos tomaron los datos, yo fui el segundo. El “pase de salida” era nuestro boleto para Depeche Mode. El señor de playera blanca que acompañaba a Rafael y salió en su auxilio dijo: “Este pendejo viene a robar, si no que enseñe el boleto…”

Me admiré de cómo aquellos crédulos policías al aceptar la forma de juzgar la inocencia de los cuatro tipos apañados. La obesa señorita, que vestía como cualquier emo de quinta por cierto, ya se encontraba afuera esperando seguramente a Rafael.

Como si se encontrara libre de culpa o acostumbrado ya, aquel gordo, mientras seguía mentando madres, lanzó la cartera contra los monitores de las cámaras de vigilancia que se encontraban apagados. “Cálmate pinche Tarolo (o Marolo o Carolo, no se escuchó bien), bájale de huevos… Ya puede irse joven” Me decían mentras me jalaban bruscamente del brazo y me sacaban del módulo a hacerle compañía a la gorda emo.

Las líneas 1, 2 y 3 del Metro, que corren de Pantitlán a Observatorio, Cuatro Caminos a Taxqueña y Universidad a Indios Verdes, respectivamente, concentran 60% de delitos cometidos dentro del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, según revela el Análisis de la Incidencia Delictiva en el STC Metro.

En la estación Hospital General ya me hacía sobre el último tren. EN punto de la una de la mañana. Ahora formo parte del archivo de nombres del metro al igual que Rafael, Tarolo y aquel desconocido que salió a combatir a aquella rata.

Aproximadamente ocurren 50 robos en el metro cada día. No pude conseguir una entrevista con un ratero carterista, aún así, estuve lo más cerca de la acción para corroborar la ineptitud que aún presenta este gusano gigante en cuanto a seguridad se trata.

Y después nos preguntamos ¿Por qué hay locos que balacean en las estaciones? Simple. Porque es una de las fallas de aquella matrix, de ese mundo llamado Metro.



por Juan Mendoza

- Jefe de Información