LAS MAFIAS "SECRETAS" DEL METRO

Era una mañana como cualquier otra y me dispuse a escuchar y enfrentar las opiniones y experiencias de las diferentes partes involucradas en el comercio informal del Transporte Colectivo Metro.

Sin duda, todos los usuarios del Metro hemos notado a los infinitos vendedores que en ocasiones huyen y se ocultan de las autoridades del medio. Los hemos visto en los vagones, en los pasillos, en las correspondencias; en el piso, con sus mochilas, con sus canastas; en horas pico, a la apertura y al cierre de las instalaciones; nos han estorbado, empujado o hasta impedido el paso; pero quizás a muchos los han hecho felices con sus productos, les han llevado hasta sus manos discos, chicles, Kleenex, chocolates, paletas, juegos de mesa, juegos y artículos de moda entre un sinfín de cosas más.

Decidí comenzar conociendo la parte legal en voz de un jefe de estación que prefiere quedar en el anonimato por cuestiones de seguridad. En esa pequeña, fría y modesta oficina pude notar el intenso miedo que le tienen las autoridades a las mafias del comercio informal, pude ver que a pesar de que esta es una práctica ilegal, en ocasiones son ellos los que tienen de cierta forma el control de las estaciones y sobre todo de los vagones del transporte. De forma rápida y cuál secreto, me contó que hay una orden que tienen los conductores de los trenes de cerrar rápidamente las puertas del convoy si descubren a algún vendedor, para evitar que continúen con su trabajo arriba de la unidad, y de acuerdo a ello, hace poco menos de un mes un conductor de la Línea 1, actuó y en su segunda ronda de trabajo fue golpeado por varios vendedores que ya lo esperaban en la misma estación del sucedo, llevándolo al hospital al borde de la muerta. Sin poder obtener más información salí del pequeño lugar y me dispuse a recorrer estaciones para ver que veía.

Subí al tren, caminé y me transporté hasta la estación Bellas Artes donde encontré a tres invidentes y una chica discapacitada, ella y Martín, uno de los hombres, quienes habían trabajando en la marca Berol, hasta hace dos años, me contaron varias cosas: débiles visuales, ciegos totales y algunos incapacitados forman parte de una organización cuya única exigencia es que la venta sea únicamente de discos, el pago de una cuota de $1 diario para gastos de representación, pago de luz, renta, teléfono y papelería, pero sobre todo, tener un horario de base de 10 am a 5 pm. Me explicó que las bases eran las estaciones Tacuba, Cuatro Caminos, San Antonio Abad y Bellas Artes, donde deben formarse para esperar su turno y subir 2 estaciones por vagón con sus discos. – Los jefes de estación nos ayudan a subir a los vagones o al siguiente tren cuando nos bajan – me dijo al preguntarle si tenían problemas al tener una actividad ilegal. Martín cree que el respeto de tiempo y espacio lograría el éxito de vendedores videntes e invidentes. Finalmente, me comentaron que su organización pertenece a un partido político, mismo que me fue imposible sacar de su voz.

Me moví unas estaciones más y me encontré con dos jovencita que a diferencia de los dos vendedores anteriores resultaron muy cerradas y celosas de la información, debo confesar que fue una entrevista muy complicada. Al preguntarles por su líder, una de ellas dijo que se llamaba Chucho, a lo que la otra contestó frustrada, enojada y apretando fuertemente los dientes: - Claro que no – y después ambas argumentaron no recordar su nombre. Las dos jóvenes tenían entre seis y siete años trabajando en esto bajo tierra, en la Línea Azul, la cual les había designado su líder, mismo personaje al que le pagan $100 semanales por tener un permiso que las protege lo más posible de los operativos, pero si las apañan saben que únicamente tienen que pagar $50 y de vuelta a los vagones. Con imposibilidad de obtener más respuestas que no fueran sí, no, y mmm. Decidí seguir mi camino y buscar un Policía Bancario.

Cambié de estación, para evitar conflictos y me acerqué a los torniquetes, un Policía Bancario que evadía casi la totalidad de mis preguntas y uno que intentaba resolver mis dudas me atendieron. Ellos me hablaron de los operativos que se programan a distintas horas, pero diariamente a lo largo del sistema. Dijo que se les pide a los vendedores que salgan y de no hacerlo son detenidos, subidos a una patrulla y llevados al Ministerio Público o a la delegación más cercana con todo y sus productos, donde un juzgado cívico atiende la denuncia y decide el fin de ésta.

Después de haber escuchado todo esto y de haber visto a un par de jefes de estación comprando discos y hablando de wey a un vendedor, no puedo más que preguntarme ¿Dónde demonios están las leyes o quien las haga cumplir? Porque me parece imposible que cada día sean más y más los vendedores que suben de vagón en vagón ofreciendo sus productos. ¿cómo es posible que sean las autoridades del Metro las que teman a las opiniones y actividades de los ilegales vendedores? ¿a dónde llegaremos teniendo un medio de transporte colectivo en el que personas con actividades que incluso son delito federal, como lo es la piratería, tienen el control?

Pero finalmente, creo que somos los usuarios los culpables de este serio problema, ya que si no compramos e incluso los buscamos, su negocio no sería rentable y poco a poco comenzarían a desaparecer con sus productos pirata, rancios, caducos, defectuosos o hasta usados. Así que todo está en tus manos. Decide si estás dispuesto a vivir y viajar con esto… ¡Es hora de actuar!

Gabriela de la O
- Jefa de redacción