SUPERVIVENCIA O EXPERIENCIA

México D.F. 28 de Agosto del 2009. Muchas veces decimos que queremos ser expertos en lo que hacemos o queremos ganar experiencia, pero, ¿Es verdad que queremos la experiencia o en realidad queremos sobrevivir en esta vida de trabajos competitivos?

“Son las 5 de la mañana, mi despertador suena, el ”5 minutitos más” pasa por mi cabeza, no quiero ir a trabajar, tener que lidiar con el patético de mi jefe, esto me hace sufrir cada día más… ni modo, hay que darle, tengo que ayudar a mis papas y pagar la cole de este mes…” Todo empieza a las 8 de la mañana que es mi hora de entrada, no puedo llegar tarde, sería mi tercer retardo y me descontarían el día completo… (Cabe mencionar que la tolerancia en la empresa es nula).

Preparo mis pagos correspondientes a mis proveedores para llevárselo al Licenciado y que me los apruebe, reviso los pendientes del día. Cada vez es más difícil trabajar en este lugar, los compañeros de trabajo son una pesadilla, tratar de sonreír cada día es más difícil.

Al llamar a un cliente finjo que mi trabajo es el mejor, que mi día es espectacular y dentro de mi pienso “son las 10 de la mañana y apenas es lunes”
Recibo el llamado del Licenciado -diga, “¿en que le puedo ayudar Licenciado? - todo esto con una sonrisa fingida… “¿Hiciste los pagos correspondientes del mes?” - Es la misma pregunta de todos los fines de mes - “Claro que sí Licenciado, ¿cómo olvidarlo, si todos los fines de mes es lo mismo?” - “¿están listas las cotizaciones?” “Sí Licenciado, todo listo y en orden –
Regreso a mi escritorio y pienso: “¿Qué hará todo el día, si todos los que estamos aquí hacemos su trabajo? Así todos podríamos ser jefes…”

Son las 3 de la tarde, la hora de la comida llegó, todo el ambiente del comedor es muy tenso, ya que solo tengo 30 minutos para comer y la fila de la comida es enorme, trato de no pensar en el trabajo ni en el tiempo. Por fin estoy con mi charola de comida en la mano, y ya solo me quedan 25 minutos y otra vez… la misma comida de siempre. Platico con mis compañeros de trabajo, parece que todos estamos inconformes con la situación de la empresa, se respira la frustración de unos y la indiferencia de otros dejando la poca esperanza a un lado…
Mi tiempo de comida se agotó, vuelvo a ponerme mi máscara de buen humor, esperando que esta última hora se vaya rápido e irme a la universidad, donde ahí parece que me queda la última esperanza de cambiar de trabajo y de humor…”


Este es un caso común de la supervivencia en el trabajo, es claro que puedes llegar a obtener la experiencia casi necesaria para no salir con una “desventaja” de la escuela, ya que actualmente la mayoría de las empresas en las que solicitas empleo te piden un año mínimo de experiencia, pero, ¿Y qué pasa cuando no nos gusta nuestro trabajo, lugar o ambiente? El día es infinito, el simple sonido del teléfono es molesto, sólo piensas en que ya quieres que termine la semana y no recibir más la llamada de tu jefe.

Por otro lado, tenemos oportunidad de aplicar lo que nos están enseñando y no sólo quedarnos con la teoría, ya que en la vida laboral, la teoría no sirve de mucho, bien dicen que es la práctica lo que hace al maestro, podríamos pensar que todo es malo, ya que la crónica así lo demuestra, pero hoy en día lo que las empresas quieren es alguien que sepa hacer las cosas; y si puedes estudiar y trabajar, saldrás mejor preparado y con una ventaja competitiva ante los demás, a esto es lo que llamamos experiencia.

Nadie dice que es fácil, porque la verdad estudiar y trabajar es complicado, ya que tienes una doble presión, por un lado no puedes fallar ni en la universidad, ni en el trabajo, si bien, no eres jefe de área, ni jefe de familia, pero indirectamente hay personas que dependen de lo que estás haciendo, ya sea en un equipo de trabajo o escolar, el simple hecho de fallar en alguna de las dos puede tener como consecuencia una leve frustración en tu desarrollo profesional, porque podrías llegar a pensar que si no eres capaz de hacer estas actividades, como será capaz de dirigir una empresa en el futuro.

Otro punto a favor es que empiezas a independizarte, porque ganas tu propio dinero, y puedes hacer con el lo que quieras, obviamente la satisfacción de ya no pedirle dinero a tus padres para fiestas, comida, ropa, entre otras cosas, es infinita, te sientes como un adulto, por fin ya no tienes que dar explicaciones en qué gastas el dinero, compras lo que quieres y si alguien te cuestiona, puedes decir orgullosamente, “es mí dinero, yo lo gané con el esfuerzo de mi trabajo”, esto no se compara con nada, puedes tener un trabajo muy pesado, pero a la hora de recibir el dinero, todo lo que sufriste por conseguirlo, pasa a segundo plano...

Mariana Magaña Chávez
-Reportera