LA TELEVISION SEGÚN RIGO TOVAR


La negra de 34 pulgadas.

La TV: mi amiga
La TV: mi esposa
La TV: mi amante

México, D.F. 5 de Septiembre.- El mexicano promedio pasa, mínimo, tres horas diarias frente al televisor; en promedio observa ocho programas distintos a la semana; mira alrededor de seis películas y tres telenovelas. El mexicano promedio es un amante, un amigo de la televisión, incluso algunos hasta hacen el amor con ella. ¿Cómo no aprovecharnos de éste tan desapercibido fenómeno? Por cierto, el mexicano lee un promedio de dos libros al año. Sólo como dato informativo.

Mi amiga

“Hoy mis papás no fueron a trabajar; creo que es por esa cosa que se celebra en septiembre, por lo que hacemos los honores a la bandera. Mi papá se sentó en el sillón y trató de cambiarle de canal a la tele, yo no lo dejé, era hora de ver el capítulo final de Ben 10 Fuerza Alienígena, todavía no empezaba porque estaban pasando Naruto. Ayer mi tío me compró un muñequito oficial de la caricatura, así que no debo perdérmelo. Me molesta que traten de cambiarle a la tele, así que mejor no fui a la mesa a comer… que tal que me ganaban el control. ¡Como sea! Lo que me molestó ayer fue no poder ver Dragon Ball. ¡Lo quitaron! ¿Qué voy a hacer si no veo si matan a Gokú o no? Mañana les pediré a mis papás que vendan ese balón que me acaban de regalar por esa playera de Pokemon que vi en la escuela. ¡Ah! Por cierto… mi mamá también estaba ahí ayer...”

Para los mexicanos (y muchas personas en el mundo) la televisión representa una parte más importante que incluso aspectos relevantes de su vida. La televisión no es, en la actualidad, el simple aparato de entretenimiento que era hace más de 50 años, revolucionario, místico y hasta mágico; parecido a las sorprendentes herramientas ”futuristas” como los tostadores de pan y el teléfono. Actualmente la televisión es una forma de vida, un mundo bizarro que reta a cualquiera a quedarse fuera de un mundo consumista y atascado de impulsos mediáticos. Es el monstruo de la sala. Un monstruo que, por ejemplo, en España hace que los menores de entre 4 y 12 años dediquen 990 horas anuales a ver la televisión frente a las 960 que se destinan al colegio y los estudios según el Consejo Audiovisual de Cataluña o que las horas anuales que un joven mexicano pasa en la escuela sean 900 a comparación de las que pasa frente al televisor: 1.023.

Mi esposa

Ayer mi viejo me hizo enojar. Es un güebón q
ue no sirve más que para ver el futbol y las viejas esas casi encueradas “quesque” luchando… ¡Las gringas esas! Ya me sentía María, la de la comedia de las ocho, toda descuidada y triste. Bueno, yo no perdí a mi chamaquito como ella. No me imagino lo que ha de haber sufrido la María buscando por cielo, mar y tierra a su hijo perdido. Dios bendito nos ampare y no nos suceda lo que a esa pobre muchacha… Sí, ya sé, que todo es “fitsión”, pero es que una se ve ahí en la tele, con ganas de decirle: “No seas mensa muchacha, Luis Alfonso no te engañó, lucha por él”. Pero se queda uno con las ganas. Por eso, ahora sí que disculparán las palabras, este pinche flojo de mi marido no hace nada desde que mi hija la Yaquelin se fue con el escuincle de la tienda de Don Chucho. Pero a ver si así aprenden, uno por güebón y la otra por piruja...”

En una investigación publicada por la revista International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, se menciona que el tiempo que dedicamos al televisor durante la juventud está muy relacionado con la calidad de nuestra dieta en la edad adulta. ¿Podríamos relacionar más que eso? La personalidad, los hábitos de consumo, de lenguaje y la cultura. La televisión transforma y moldea distintos rubros de la sociedad, convirtiéndose en, tal vez, el líder de opinión más importante para la familia mexicana. Genera tabúes, crea modas, destruye paradigmas, concibe consumidores potenciales y acentúa el posicionamiento de controles de opinión pública. Seríamos, como personas de negocios, unos tontos si dejáramos pasar la oportunidad de sacarle jugo a esta máquina de billetes, de pensamientos y de consumidores.

Mi amante

“Tengo por fin la casa sola. Mis padres se fueron con la tía a Querétaro y la señora del aseo no viene hoy. ¿Qué más podría yo hacer si no es ver los canales prohibidos del Cablevisión? Acomodo el sillón frente a la pantalla LCD que acaba de comprar mi papá. Porno en HD, el éxtasis de la imagen. Tenía mi Philips de treinta y cuatro pulgadas, pero no es lo mismo. En ésta belleza, la piel parece de verdad. Me costó todo el sueldo del mes, pero la neta, vale la pena. Cambio de canal al 980, me acerco a la pantalla y quedo casi de frente. En definitiva, la pantalla fue de las mejores ideas que pudo tener mi papá. Qué bueno que la compró antes de ver mi boleta…”

La televisión es como el fantasma que siempre está presente y nos sigue a todos lados. Caminando por la calle en los aparadores de las viejas “Elektra” veo televisores, al taquero de la esquina con otra más, e incluso mis piernas se ponen a temblar cuando me percato que los auto-estéreos de los microbuses traen televisor. Productos, complementos, antenas, programación por cable etc. Son parte del mundo que gira en torno a “la caja negra”, tal vez, el mejor invento en pro del negocio. Según el diario electrónico “El Mundo” la cantidad de anuncios televisivos de comida basura emitidos durante 4 horas de dibujos animados un día cualquiera de la semana por la tarde es 202.

La televisión es la puerta al universo de las apariencias, donde la perfección se encuentra al alcance del control remoto, es la niñera de nuestros hijos, el testigo de nuestras chaquetas, el monstruo de la sala, la droga del pueblo, pero sobre todo: Un excelente negocio. Cuidado, un primo lejano llamado Internet viene en camino y al parecer es más feroz y mucho más letal. Eso sí, los mexicanos le describimos a nuestro querido aparato de entretenimiento con aquella vieja canción que hiciera exitosa nuestro ciego amigo (irónico) Rigo: “Quiero que seas para mí… mi amiga, mi esposa y mi amante…”

Por Juan Mendoza
- Jefe de Información